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15 siglos de cultura aborigen exhibe un museo cuencano

Frontis de la casa patrimonial en cuyo interior está el Museo de las Culturas Aborígenes.

La colección arqueológica empezó a formarse en 1970 y desde hace veinte y cinco años está abierta al público en un local con instalaciones tecnológicamente adecuadas para atender con profesionalismo a visitantes del mundo

Quince mil años de presencia humana en lo que hoy es el Ecuador “viven” en el Museo de las Culturas Aborígenes, que lo han ido formando desde hace más de cuatro décadas los esposos Juan Cordero y Anita López Moreno. 

   Los objetos más antiguos  pertenecen a los períodos precerámicos de Chobshi, en Sígsig, y a la cultura El Inga, en Ilaló, al norte del país. Son piezas de la industria lítica en obsidiana.

   La colección ha llegado a cinco mil piezas en exhibición y diez mil en reservas de la arqueología ecuatoriana. Abarca desde el inicial poblamiento del territorio hasta el dominio incaico en los siglos XV y XVI, período de culturas aborígenes anteriores a la conquista, a la colonia y la república. Varias piezas de oro no son exhibidas, pues por seguridad estan en depositos bancarios. 

   Cordero, ahora de 77 años, fue profesor de historia en las universidades de Cuenca y del Azuay. Su objetivo inicial fue asociar las explicaciones teóricas con la observación práctica en el ejercicio pedagógico, basándose en que la historia cultural es una sola y resulta arbitraria la división entre la prehistoria y la historia. El término cultura –dice- supera la visión intelectualista y en esencia lleva a valorar las respuestas adecuadas a las necesidades individuales y colectivas, transmitidas a través de las generaciones, para dar singularidad a un pueblo.

 

Los esposos Cordero-López.

  Docente secundario y superior desde muy joven, fue rector universitario, Ministro de Educación, Gobernador del Azuay y diputado, pero su mayor empeño cultural ha sido en la arqueología para, a través del museo, rendir homenaje al indio ecuatoriano.

   El origen del museo viene de mayo de 1970, cuando Juan y Anita, de luna de miel en Esmeraldas, adquirieron en esa provincia las primeras piezas de las colecciones que empezaron a montar en el domicilio familiar, en la avenida Diez de Agosto, que se abriría al acceso del público en octubre de1992, hace 25 años, por los cuatro siglos del arribo de Colón a América: “Más allá de los quinientos años de resistencia estaba el peso de quince mil años de respuestas culturales de los pueblos aborígenes, que sembraron las bases para nuestra identidad ecuatoriana mestiza” expresa.  

   El constante incremento de objetos planteó la necesidad de un local apropiado. Entre 1998 y 2002 se construyó la sede propia, en la Calle Larga, a partir de una edificación colonial del siglo XVIII que preserva la fachada exterior, con amplias instalaciones modernas interiores. Allí fue la inauguración, hace 25 años, con la asistencia del Presidente Gustavo Noboa, con quien Cordero había hecho amistad cuando los dos eran gobernadores, de Guayas el uno y del Azuay el otro, en el Gobierno de Hurtado.

   Él está satisfecho de su obra, fruto de sacrificios, pues significó utilización de ahorros, préstamos bancarios, cesantías jubilares y canje de joyas de oro, electrodomésticos y otros bienes, por piezas arqueológicas. “El museo responde al esfuerzo del matrimonio Cordero López. Los ahorros familiares, sin sacrificar las obligaciones fundamentales del hogar, se han invertido en la adquisición de piezas y en la compra y construcción del actual edificio de la Calle Larga”, dice.
 

Todos los días hay visitantes que recorren las salas de exposición.

   Pero fundamentalmente está satisfecho por haber logrado, con apoyo de su esposa y la familia, así como de instituciones particulares y públicas que se han sumado, realizar el objetivo anhelado: “que nuestros pueblos del Ecuador y de América redescubran las potencialidades en su propia cultura, desconocida en general por toda nuestra sociedad, que se ha interesado más por la historia colonial y republicana”.

   A través del museo, Cordero considera haber conseguido que se aprecie la creación estética de los fundadores de la historia. El destino de las piezas fue funcional, útil para la caza, para preparar alimentos o motivar mágicamente a los espíritus, pero los objetos fueron embellecidos, demostrando que el ser humano tiene una sensibilidad estética que nace de su propia naturaleza.

   Otros logros son salvar del comercio ilícito muchas piezas que pudieron salir del país, como hacer conocer a estudiantes y visitantes extranjeros la variedad de culturas del Ecuador, con aportes trascendentales para toda la historia cultural del continente.


   No obstante, asegura que aún queda mucho por descubrir del pasado del Ecuador, para lo cual el museo mantiene conexión con universidades, centros científicos y organizaciones no gubernamentales, para fomentar las investigaciones de campo y laboratorio.
 

Una sección con vasijas fabricadas por habitantes de antiguas culturas anteriores a los períodos colonial y republicano.

   Las instalaciones han sido técnicamente organizadas y con ambientes provistos de decoraciones apropiadas, mediante un equilibrio entre el fondo y la forma, para lograr armonía entre lo que se exhibe y cómo se lo exhibe. Todos los bienes están inventariados en el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. El 3 de noviembre de 2002, la Municipalidad asignó la presea Municipalidad de Cuenca a los esposos Cordero López.

   Los visitantes pagan entre uno y cuatro dólares para recorrer el museo y reciben guías en español, inglés y francés, siendo atendidos por personal capacitado para brindar la información apropiada, con calidez. El museo se ha convertido en un atractivo inscrito  en el turismo cultural de Cuenca, ciudad reconocida por la Unesco como patrimonio de la humanidad.   

 

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