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Un arquitecto que hace poesía con los pinceles y las acuarelas

El parque de San Sebastián.

En el museo Pumapungo está una selección de obras en las que se admira la múltiple producción de un profesional técnico que lo que con más gusto ha hecho en su vida, es echarle mano a la pintura

 Guido Álvarez Serrano conoce el lado poético de la pintura y le da expresión a través de la acuarela. A este cuencano nacido en 1943 la vocación por el arte le viene de la juventud, pero ha encontrado mayor fuerza y concentración desde cuando hace 14 años se jubiló de Profesor de la Facultad de Arquitectura, de la que también fue Decano.

   En el Museo Pumapungo, del Ministerio de Cultura, expone una selección de sus obras trabajadas en muchos años y otras recientes. Él gusta pintar paisajes urbanos y rurales de Cuenca, muchos conocidos y repetidos por otros artistas plásticos, pero que a su mano y fantasía adquieren tonalidades que se singularizan con su creativa vitalidad. 

   El resplandor de las fachadas de los templos cuencanos está matizado con ardientes o sombreados cielos en los que el

Guido Álvarez Serrano, arquitecto y artista.

ocaso imprime exóticas combinaciones de color, luz y sombras, en el horizonte. 

La espadaña del convento de Las Conceptas

   Las casas colgadas en el barranco, en los parques, en la calle tradicional del barrio o en la majestuosa imponencia del edificio del colegio Benigno Malo, tienen como un telón de proyecciones luminosas la policromía de las horas meridianas o de los atardeceres.

   Guido Álvarez ha diseñado y construido grandes edificaciones privadas y públicas, especialmente pabellones para las facultades y escenarios deportivos de las universidades de Cuenca y del Azuay, obras profesionales de gran mérito, pero las mayores gratificaciones personales le han venido de la mano del pincel y los escurridizos colores de la acuarela.

   Con la alegría de la jubilación y dueño de todo el tiempo disponible a libertad y sin horario, el artista que siempre convivió con el técnico y el docente, vive una etapa existencial pródiga para hacer lo que realmente gusta hacer cada día: pintar, pintar y pintar.

 

 

 

 

La hermosa arquitectura del colegio Benigno Malo.

 

La Casa de los Arcos y la zona del Barranco.

 

Fachada del templo del barrio de El Vergel.

 

Plaza de San Francisco y la Catedral de la Inmaculada, construcción monumental infaltable en las obras de los artistas cuencanos.

 

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