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El Hierro de la Izquierda y el Imán del Populismo

No se burle de los niños que creen en Papá Noel. Es una crueldad… Son inocentes…Y dígame, a propósito, ¿qué piensa usted de esos adultos que todavía creen en Juan Perón o en Fidel Castro?
                              Observación que circula en las redes sociales.
 
 
La izquierda marxista ha sobrevivido demasiado en América Latina. Su momento histórico está ultrapasado… Es un fantasma del siglo XIX,  perdido en la multitud globalizadora del siglo XXI. No tiene ya proyección… El populismo, en cambio, esta del todo vigente. Y, hasta, se propaga…
 
Cuenca, Ecuador, 1991. Nos acordamos de la curiosa actitud política de un conocido nuestro; miembro de un grupo de la extrema izquierda. Por entonces, Fujimori había ganado la presidencia del Perú. Y Vargas Llosa -- derrotado, arrepentido, medio avergonzado -- se había vuelto a Europa. El militante -- en forma entusiasta -- nos expresaba su admiración por “El Chino”; y -- en forma despectiva -- se refería al escritor y a sus “patrocinadores, los gringos…” Y-- destacando un especial detalle del asunto -- poco faltó para que nos dijera que “la campaña del tractor agrícola “, en las barriadas de Lima, había sido una genialidad del ganador. Pasó un tiempito… 1992: Autogolpe de Fujimori; dictadura… Un poco antes, -- con la característica volubilidad populista -- el nuevo autócrata se había decidido, precisamente, por las reformas liberales propuestas por Vargas; y, luego, se empeñó a fondo en la lucha contra los guerrilleros del SENDERO LUMINOSO. 1995: Ecuador y Perú se enfrentan en la Guerra del Cenepa. ¡Ah, caray…! / Bueno… A esta altura de los acontecimientos, nos habría gustado saber qué opinaba nuestro conocido sobre Fujimori.  Pero, no lo vimos más… / Nos hemos acordado de él en estos días; en los cuáles, hemos debido examinar la estrecha, y medio contradictoria, relación entre nuestras izquierdas duras y nuestros populismos blandos… (Relación ideológica y práctica.) Lo suyo; lo de él y de sus pares.  Un verdadero caso de clínica política.
 
       Adelante. Hagamos las siluetas de los dos grupos. Una. Nuestra izquierda dura está compuesta por un minoritario conjunto de fanáticos socialistas; miembros de una especie  de seudoiglesia… (Que es parte -- como se sabe -- de una organización mundial; que llegó a ser muy poderosa entre los años veinte y los noventa del pasado siglo.) Paradójico: Con la notable excepción del Chile de Allende, ella nunca pudo lograr un triunfo electoral… (Siempre se impuso por la fuerza: guerras, alguna guerrilla. Entonces, en palabras de Unamuno, podríamos decir que venció, pero no convenció…) Y, hoy, --  después de los grandes descalabros geopolíticos que la han golpeado -- sigue existiendo, pero en forma residual y degenerativa. Para notar y admirarse: La rama latinoamericana de esta izquierda ejerce, hasta el momento, un gran influjo en las universidades, las academias, la intelectualidad, el arte… (Es decir, campea en ese sector social que algunos llaman la intellighènzia.). Y, ahora, --  abreviando -- destacaremos el rasgo suyo que, aquí, más nos interesa: su impopularidad. (El pueblo, el pueblo llano, fue, permanentemente, sordo para la prédica marxista… No oía aquellas afilosofadas palabras, echadas al viento…  Había que ser un intelectual para oírlas…) 
 
     Dos. El populismo latinoamericano, en cambio, es un sentimiento, básico y medio confuso; pero que impacta en el corazón de la gente y la pone en marcha. Recalcamos: sentimiento… Al populismo, no hay que buscarle, ni ponerle, ideología; y, menos aún, ideas… Una metáfora pertinente: Se ha dicho que el tango es un sentimiento triste, que se baila… Sentimiento que hace mover… La vida es un tango… Y unos zopencos lo bailan… El populismo es un tango… Y el tango fue la música más difundida de la Argentina, el país más populista del mundo. ¿Una simple coincidencia?  Para pensarlo… (El propio Vargas Llosa señaló la literal virtud impulsora de esta danza: Al oír las notas de LA CUMPARSITA, hasta los viejitos artríticos se olvidan de sus dolencias y se lanzan a la pista…) / Bueno… Quizás nadie sepa -- con exactitud e integridad --  lo que es nuestro populismo. Pero, en todo caso, hay algo indudable: En cualquiera de sus versiones criollas, tiene una neta aceptación. Agregado oportuno: Los intelectuales izquierdistas suelen ser los abogados oficiosos de la corriente. Y no les importa un comino que ésta -- en su muy oscuro interior -- tenga tanto de… de fascismo… Y, por supuesto, ninguno de ellos sospecha que, así, están alentando un proceso negativo: el deterioro de lo auténticamente popular; es decir, ignoran que están agravando una enfermedad social…  (Lea usted  EL TELÉGRAFO, de Guayaquil; o EL TIEMPO, de Cuenca. Abierta defensa de lo indefendible…) / Vayamos a lo esencial: Por lo visto, se explica que los dos grupos se necesiten en forma mutua: los izquierdistas duros, mucho, mucho; los populistas  suaves, un poco o bastante… Pero uno y otro se comportan, cierta y claramente, a la manera del hierro y el imán.
 
      Con algún detalle, veamos el caso de tal convivencia, en el Ecuador. Comenzó en los tiempos del posliberalismo: Cuando la naciente izquierda marxista se pegó al populismo neomilitarista de la Revolución Juliana. (Militares e izquierdistas, pues, tuvieron bastante que ver con la tremenda inestabilidad política de los treintas; y, por lo tanto, con la derrota militar y la gran pérdida territorial. / Guerra con el Perú 1941-42. /)  El paso siguiente fue la aproximación al populismo velasquista. Y, en este punto, obtiene un éxito: La Gloriosa, de 1944. (La izquierda le puso el barniz revolucionario y la mística a la más confusa revuelta de la historia nacional. Resultado: Un espejismo utópico…) Pero, muy pronto, el capricho populista hizo lo suyo usual: Velasco se deshace de los marxistas. (Constitución conservadora de 1946. La izquierda hablará de la “revolución traicionada”; algo que es, por mitades, una exageración y un disparate…) Otro contacto se produce en 1961; cuando la izquierda logra influir en el populismo paravelasquista de Arosemena Monroy. Luego, la misma consigue un cierto influjo en el moderado populismo militar de Rodríguez Lara. Cuando caen los militares, la izquierda parece influir fuertemente -- más en las apariencias que en la realidad -- en la presidencia de Roldós. (Los marxistas le han magnificado a este político populista; y, hasta, lo han presentado como “una víctima del imperialismo yanqui”; lo cuál ni siquiera sus propios parientes han tomado en serio…) Posteriormente, los marxistas se infiltran en la Izquierda Democrática; o se mimetizan en ella. (Su líder, Borja, algo tiene de populista…) Más tarde, la izquierda se adhiere al esperpéntico Abdalá Bucaram… Y, a poco, se equivoca malamente con el derechoso Lucio Gutiérrez… Y la plenitud: En el 2007, llega a tener su máxima influencia; cuando apoya al populismo “cristiano” de Rafael Correa. / Historia reciente; presente que se va tornando pasado… Situación actual: Hoy día, -- ya gastado y desprestigiado el controversial caudillo -- la izquierda ecuatoriana está, más bien, un poco perdida;  reasume su vieja impopularidad y vuelve a sus guetos de siempre…
 
      Lo demás, muy brevemente. En la Argentina, el asunto se manifiesta en la ambivalencia de la izquierda con el Peronismo: franca oposición, apoyo oficioso al General, rechazo olímpico de éste a los “imberbes” Montoneros… Y, finalmente, la izquierda -- por una carambola de la historia -- termina pegada al rústico y sobrecorrupto Kirchnerismo… Y, hoy día -- como en el Ecuador -- tampoco sabe bien adónde ir… En Bolivia, lo inesperado: Morales logró, con su silvestre demagogia, lo que no pudo lograr El Che Guevara, con su postiza y famosa guerrilla… (De paso: La dupla Morales-García Linera es un símbolo perfecto de lo que estamos contando.)  Enorme yapa: La tragedia venezolana, -- desfasada, terrible, increíble, absurda -- en veinte muy largos y ya fatigantes actos “bolivarianos”; el mayor y más desgraciado rejunte de la categoría…
 
      Conclusión. La izquierda marxista ha sobrevivido demasiado en América Latina. Su momento histórico está ultrapasado… Es un fantasma del siglo XIX,  perdido en la multitud globalizadora (¿o errática?) del siglo XXI. No tiene ya proyección… El populismo, en cambio, esta del todo vigente. Y, hasta, se propaga. James Nielson ha anotado que mientras la Argentina se normaliza, el mundo se argentiniza…  Así, pues, probablemente, el populismo latinoamericano seguirá siendo muy adaptable y robusto; mientras las sociedades regionales sean tan inorgánicas y tan carenciadas como, por desgracia, son... Nuestro futuro imperfecto… 
 

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