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El humor del agua en la vida y en la historia de Cuenca

Galo Ordóñez Espinoza, técnico sanitario con importatante trayectoria profesional, fallceio el 2 de enero

Galo Ordóñez Espinoza falleció el 2 de enero pasado, día en el que la empresa municipal de agua potable y alcantarillado cumplía 51 años de su fundación, empresa en la que él trabajó, dejando valiosos y a la vez irónicos testimonios desde lo primitivo hasta lo moderno en la dotación de esos servicios

Ha mantenido relación con la empres ETAPA desde su primer día, en enero de 1968 hasta el año 2004. Se me ha concedido el honor de trabajar en los sucesivos planes maestros de 1970, de 1983, y en el desarrollo de la segunda fase de los Planes Maestros, siendo el único profesional al que le correspondió tal suerte, y ha vivido para contarlo”.

  

 

Galo Ordóñez Espinoza, primer Jefe de Planificación de ETAPA en el año de su creación, 1968  

Eso apuntó Galo Ordóñez Espinoza en la introducción de su libro De la Bacinilla a la Alcantarilla, cuya primera edición la publicó en 2008, sobre los servicios de agua potable y alcantarillado de Cuenca, que cuenta los avatares no sólo en los 36 años que, como técnico de la empresa municipal laboró en ella, sino de los antecedentes desde tiempos coloniales en torno al agua y al saneamiento. El nombre de la obra –escrita con veracidad, a veces con crudeza e ironía- resume el paso enorme del pasado primitivo de hace sesenta años al presente moderno en la vida diaria de los cuencanos.

  El personaje falleció el 2 de enero pasado, fecha coincidente-ironías del destino-, con el aniversario 51 de la empresa municipal ETAPA, cuya ordenanza de creación se la aprobó el 2 de enero de 1968, en la Alcaldía de Ricardo Muñoz Chávez.

El Alcalde Marcelo Cabrera entregó un Acuerdo, a la viuda del ing. Ordóñez, Eulalia Castro Ledesma, en testimonio de homenaje al personaje. Le acompaña su hijo, Felipe Ordóñez Castro.

   Galo Ordóñez fue de los más antiguos testigos y actores del trabajo de dotación y mejoramiento de los sistemas de agua y alcantarillado de Cuenca. Al fundarse ETAPA –Empresa de Teléfonos, Agua Potable y Alcantarillado-, pasó del Departamento de Avalúos y Catastros a la flamante empresa que empezó en cero en la última planta del edificio municipal, con Giulio Toracchi, al mando de José Pérez Carrión, Director Técnico y promotor de la empresa. Luego se incorporarían estudiantes de Ingeniería –entre ellos Agustín Rengel y Patricio Cordero- para asumir responsabilidades técnicas y aún directivas.

   El libro cuenta las duras experiencias iniciales: “Trabajábamos como ingenieros y como topógrafos. No se disponía de un catastro del sistema de alcantarillado; durante el día, con serias dificultades, buscábamos las tapas de los pozos de visita, para nivelar la unión de los colectores; personalmente entré auxiliado por los cadeneros en todos los pozos de visita para medir secciones, evaluar el estado y materiales. Los accesorios se los había construido con mampostería de ladrillo, con pesadas tapas de laminas de piedra andesita –al colocarles ya quedaban chuecas-. Por las noches, hasta la madrugada, recorría por el interior de los colectores que tenían dimensiones suficientes, tomando medidas, observando su estado físico –ahora me estremezco al recordar lo que hacía, y el serio peligro que corrí al entrar en los canales sin ninguna protección- y tomando fotografías”.

    Graduado en la Universidad de Cuenca en 1964, Galo Ordóñez fue también profesor en la Facultad de Ingeniería, donde formó a cientos de profesionales que le recuerdan con gratitud por los conocimientos recibidos, siempre con criterios de defensa de los recursos naturales como fuente de vida, especialmente el agua, y énfasis en lo referente a la salubridad. Rengel recuerda a Galo Ordóñez como el maestro que impulsó la creación del laboratorio de ingeniería sanitaria, que sirve aún a los futuros profesionales, preparándolos para velar por la calidad del agua.

   También recuerda el humor con el que reaccionaba ante preguntas de discípulos o funcionarios municipales inexpertos en temas sanitarios. Alguna vez un concejal de visita a la planta de El Cebollar se intrigó al observar la turbulencia creada para clarificar el agua, recibiendo la explicación del técnico Galo Ordóñez sobre el método de desnucación de las bacterias. Días después, el edil no pudo menos que resentirse al advertir que con aquello de romperles la nuca a las bacterias, había sido tomado el pelo.

 

Portada del libro en el que dejó importante información sobre las condiciones sanitarias y el desarrollo de las obras públicas.

  A comienzos de los años 70 del siglo pasado, fue a cursar estudios de especialización sobre temas del agua y servicios sanitarios en México, donde adquirió conocimientos y compartió los que tenía, cuando uno de los empeños municipales de entonces era la ampliación de la planta de El Cebollar, pionera en la modernización del tratamiento y distribución del agua potable local.

   De la Bacinilla a la Alcantarilla es más que la recopilación de aprendizajes profesionales de una vida dedicada a trabajar e investigar sobre la trayectoria de Cuenca y sus servicios básicos, tratando con humor y anécdotas sus experiencias, para ofrecer una panorámica de lo que era Cuenca y lo que fueron cambiando sus habitantes en la conducta frente al agua y la salubridad. También están allí datos y documentos sobre las gestiones municipales y de organismos públicos, con sus dificultades y trámites, para mejorar constantemente la calidad de los servicios.

   La ciudad pequeñita de la infancia –Galo nació en 1938-, apenas empezó a preocuparse por la dotación de agua potable por esos tiempos, poco después de que se cerraran las acequias que corrían por las calles siguiendo el natural declive topográfico y servían para suministrar el líquido de consumo humano y a la vez como desfogue de las aguas servidas.

   “Hasta 1950, como parte de los festejos del 3 de noviembre, el Municipio botaba barbasco en el río Tomebamba, para que la gente se meta en el río a coger los atontados bagres…”, es un recuerdo infantil que se convierte en vívido referente sobre una tradición de entonces, que hoy caería en causales de criminalidad. Bañarse en los ríos era usual y necesario, al menos cada cierto tiempo.

   Desde las primeras piletas de agua instaladas en Cuenca, las primeras conexiones de agua entubada y luego potabilizada, con la planta de El Cebollar, hasta las nuevas plantas de décadas posteriores y las de hoy, pasan historias interesantes por las páginas de la publicación, sobre la que se ha hablado, comentado y releído en las semanas posteriores a la muerte del autor. Allí están las obras de los puentes, de las crecientes, de sequías e inviernos, con sus amenazas y a veces trágicos resultados.

   “Al contar la historia del agua y el saneamiento, tengo que referirme a la forma de pensar, de hablar y de actuar de cada época vivida desde mis recuerdos de la niñez hasta el cercano final de mi paso por esta querida tierra”, escribió al exponer las razones de su publicación, destacando que “Al estar cerca del ocaso de mi servicio público y de mi modesta vida de educador e ingeniero, y antes de que se me quemen los Chips de la memoria, a las horas de la madrugada he decidido contar lo que ocurrió desde 1945 al 2006…”

Aireadores de la antigua planta de agua de El Cebollar, que fueron eliminados por razones técnicas en 1969.

    El ingeniero Ordóñez Espinoza en los últimos años y hasta fallecer, fue parte del Directorio de la empresa municipal ETAPA, evidenciando así que, hasta el final de sus días, estaba al servicio de la colectividad, con sus conocimientos, experiencias y capacidades profesionales. La Universidad de Cuenca, la Municipalidad y la empresa E TAPA, organizaciones profesionales y ex alumnos, le tributaron homenajes y recuerdos.

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